22 feb. 2019

Juguetes, juegos y rol

Los seres humanos mantenemos la actividad lúdica a lo largo de toda nuestra vida. Johan Huizinga explica en Homo ludens (1938) que es imposible separar la humanidad de los juegos, porque suponen un crisol de enseñanzas, metodologías y conceptos culturales y temporales de cada individuo. Friedrich Schiller por su parte apoya dicha teoría: “El ser humano es verdaderamente humano cuando juega”.


Jugar es una actividad que no espera nada a cambio, es el placer de hacerlo. En ese ámbito, los juegos de rol han estado presentes en la mayoría de individuos de una forma u otra. Hoy me apetecía compartir unas reflexiones sobre el acto de jugar, los juguetes y los propios juegos de rol.


Impersonar por deseo o por imposición, ambos juegos de rol

Aunque descubrí el añadir los dados a cualquiera de mis juegos habituales cuando aún era niño, lo cierto es que de forma previa (y posterior) tanto yo como mis amigos jugábamos en su mayoría a lo mismo: Con muñecos o interpretando películas.

En el primer caso, hay dos corrientes: Aquellos que reflejan figuras de una obra (Figuras de MARVEL o DC, u otras franquicias o series) y los que son “anónimos”. En ambos casos nos encontramos ante niños que de una forma u otra interpretaban un papel prestablecido por la figura (Aquel que jugaba con Wolverine interpretaba su papel, casi a modo de fanfic) o interpretaba un nuevo papel (Con la personalidad que se le supone o inspira la figura del juguete anónimo). En ambos casos se está realizando un ejercicio de actuación y asunción de un papel, el clásico ejemplo de “los juegos de rol siempre han estado presentes, cuando jugamos a indios y vaqueros”.

En cuando a interpretar, ocurría lo mismo: Tendíamos a tomar la base de una película (Vaya la que se armó cuando estrenaron La roca) y la manipulábamos como si de un fanfic se tratase, pero tomando papeles reales o ficticios de la película.

En cualquiera de los dos casos encontramos la base de lo que jóvenes y adultos entendemos como juego de rol, y que cualquiera que controle mucho más que yo el tema de la infancia podrá confirmaros que forma parte básica del desarrollo del individuo, física y mentalmente, y su relación con el entorno (además de los autores antes mencionados). Actualmente, la metodología lúdica se encuentra incluso ocupando un lugar especial en cuanto a métodos de enseñanza, con muy buenos resultados, especialmente en aquellos alumnos que se encontraban desmotivados con la enseñanza clásica.

En la vida adulta la cosa no cambia demasiado, los wargames han estado históricamente presentes, y los juegos de rol a nivel empresarial, de pareja e incluso en la forma del hobby que nos compete en este caso llevan muchas décadas con nosotros. Yo soy de los que cree que la modalidad actual de la afición es una forma de llevar ese juego infantil, ejercicio de impersonación al mundo de los adultos, mediante un juego más equitativo y con elementos adaptados a lo que se desea simular. No diré mejores, porque es algo que aún no tenemos claros los propios roleros, no pocos se quejan ante unas reglas (Quizá deberíamos decir guías) laxas o poco definidas sin darnos cuentas de que quizá en el origen, este que menciono, ni existían.


Mi visión y experiencia personal

Comenté en un artículo pasado el porqué de la presencia de dados en todas mis obras, pero lo que no menciono tanto es que mi infancia fue un juego de rol gigante, de décadas. Cada vez que yo y mi hermano jugábamos “a los muñecos” estos ya tenían una especie de requisito stándar en cuanto a altura (3.75’ que a muchos le sonarán de grandes marcas como GI Joe, MARVEL, Hasbro, .etc y la mayoría de “Personajes anónimos” de cualquier tienda stándar), temática y línea argumental y una vez entraba por la puerta de casa, en el primer uso, se le daba origen y personalidad que no cambiaría a lo largo de toda su vida útil (que he de decir, aún sigue). A partir de ese momento se integraban en el gran argumento, un crisol de diferentes obras (desde Dragon Ball a GI Joe, había de todo) que habíamos forjado a través de los años. Y ninguno se salía de su papel, con excepción de que el muñeco se rompiese o perdiese, en cuyo caso era sustituido. Y si reaparecía, empezábamos con paradojas espaciotemporales y líneas alternativas que el mismísimo Nolan fliparía.

Una vez se integraron los dados y descubrí el rol como tal, como actividad con nombre, fue un paso natural para mi hermano, mis amigos y yo. Casi fue, en nuestro caso, hacer “oficial” que puedes seguir jugando de adulto a lo que hacías desde siempre. El único cambio fue pasar de los 3.75 articulados a usarlos como figurantes, posteriormente a las miniaturas, para luego hacerlas desaparecer en pro de la narración.


¿Juego de rol o juguete de rol?

He aquí una división popular poco planteada: Jugar al rol es casi una actividad, mientras que los propios manuales y reglas figurarían más como material, como “juguete de rol”. Cuando hablamos de un “juego de rol” lo hacemos habitualmente para referirnos al material, al producto que se emplea en el acto de jugar, y quizá con las nuevas opciones de juego deberíamos comenzar a marcar más la diferencia con respecto a los métodos clásicos.

Creo que en mi caso, quizá en el de la mayoría, el juguete son las reglas. Es lo que retorcemos y empleamos para generar ficción ocupando el puesto que antes definían los juguetes en sí, representando un personaje concreto (o aquel héroe anónimo al que le dábamos personalidad). Así pues, la división es poco clara pero evidente: El juego de rol es el conjunto y acto de jugar, el juguete es el material empleado, tanto físico (manual o miniaturas, que pasa a ocupar el puesto de los muñecos) como lógico (normas o reglas no escritas, que anteriormente eran pactadas o definidas por el juego o los elementos empleados)

Sólo nos queda la duda, a la vista está, de si un banco de trabajo de juguete es un “juguete de rol”, porque el papel casi te lo está dando. Los niños y niñas imaginan con ello ser técnicos, mecánicos, pintores o médicos, y estos ya tienen sus propias reglas en la sociedad, que en muchas ocasiones simulan sin tener nosotros los adultos nada que decir.


Cuando pienso en aquellos que dicen que es una tontería diseñar juegos para niños, quizá porque creen que no es el público objetivo o porque las reglas son sencillas, pienso en las reglas pactadas e hiperlaxas infantiles que mucho se parecen a lo que hacemos, en los orígenes, en la actividad de impersonar que siempre ha estado con nosotros de una forma u otra, con o sin juguetes, y no termino de tener claro si quizás los intrusos somos nosotros, los adultos, con nuestras reglas tratando de darle un corte elitista a una actividad meramente lúdica.

1 comentario:

  1. «(...) puedes seguir jugando de adulto a lo que hacías desde siempre.»

    Hacia tiempo que no leia nada tan bueno ni con lo qué coincidiera tanto.

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